Mi casa, mis normas

Ya hace 3 meses que adopté a Ron, y a estas alturas hay normas que tiene claras.
Sin embargo, anoche surgió de nuevo la eterna pelea. Tras perder un unos minutos preciosos de sueño, conseguí que comprendiera que mi cama es una cama humana, en la que duermen humanos. Que él es un perro y por eso tiene una cama de perro. Horrorosa, por cierto, ya que destrozó la espectacular cama que le compré cuando se mudó a casa y ha vuelto a dormiren su cama vieja.
Finalmente, tras una larga batalla, hacerme la dormida, sacarlo seis veces de mi habitación, enfadarme cuatro, darle tres galletas y rascarle la cabeza un par de veces más de las necesarias… escuché sus patitas alejándose hacia el salón.
Muy bien, Silvia, así se hace. Ejercicio, cariño y normas. Esto funciona. Tendré un perro educado.
Esta mañana Ron no estaba en mi cama, así que me he sentido orgullosa de mi firmeza. He conseguido que duerma en su cama, me he dicho.
Y efectivamente… he acertado. Ron ha reflexionado sobre las normas y ha decidido cumplirlas.
Ha dormido en su cama… con matices.
Tu casa, tus normas, humana ingenua.
Nadie dijo que no pudiera poner la cama sobre el sofá, ¿verdad?

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