Cien primeras veces

Quién me iba a decir a mí que aquella noche no sería mi reconciliación con las historias de amor…
Siempre con espectadores, siempre acompañados, siempre tan amigos funcionando como un mecanismo de reolojero suizo. Nos reímos, hablamos e incluso hemos llorado juntos y sufrido uno el dolor del otro. Con él, incluso los silencios son agradables como la primera brisa de otoño.
Pero aquella noche todo parecía diferente. Parecía incluso una cita. Porque íbamos a estar solos, ¡increíble pero cierto!

Porque en lugar de nuestra cerveza y nuestro rock…sonaban boleros y en la mesa sólo había una vela y dos copas de vino.

Nerviosa, más que en el examen de conducir.

Él, tan sonriente, tan atento. Quizás simplemente disfrutaba con nuestra amistad, pero en mi mente perversa e imaginativa estaba tan nervioso como yo.
Parece que esta relación, o mejor dicho, esta no-relación, está cargada para mí de primeras veces.

Nunca nadie me había invitado a una cena para dos con velas y vino. Si acaso, con balas y birras.

Mis primeras vacaciones en pareja con alguien que no fue ni será mi pareja. Nunca había disfrutado tanto la presencia de alguien de forma tan natural como si la vida nos hubiese puesto ahí uno para el otro.
Tampoco había nunca pasado la noche con alguien, cuerpo contra cuerpo, sin poder dormir pero soñando…sin sexo, sin caricias pero con todas las sensaciones a flor de piel.

La primera vez que senté a alguien frente a mí y le solté a bocajarro mis sentimientos, sabiendo que su cariño dolería más que una carcajada, también eran sus ojos los que brillaban.
Incluso…he imaginado por primera vez un futuro en el que lo que no me gusta tiene su propio espacio. Aunque reconozco que mi imaginación no es nunca discreta ni humilde.

Nunca supe querer a medias, reír a medias, cuidar a medias o soñar bajito. Cuando salgo a jugar, pongo todas mis cartas y evito medir quién da más.

. . .

Escribí esto hace meses… y ahora lo rescato para cerrar un ciclo. Conociendo mi trayectoria como si de una saga de libros se tratase, casi estoy segura de que habrá siguiente capítulo…pero en este, asumo una nueva primera vez.

Por primera vez, decido terminar una relación que nunca llegó a empezar. Decido liberarte de la responsabilidad de cumplir mis expectativas. Decido liberarme de esta espera infértil. En realidad más que una decisión es una declaración de intenciones.

Ni siquiera eso.

Es ser consciente de que algo en mí ha cambiado. Por más que busco, no encuentro ni una llamita del fuego que me quemaba hace tiempo. No duele. No revolotea. Todo está bien. En calma. Un poco de eco, tal vez, donde antes había sueños. A pesar de eso, ha sido maravilloso sentir de nuevo, y ha sido un perfecto bastón para subir a la cima de mi libertad.

Agradecimiento y cariño infinito a esos amores de transición… como amor de verano que endulza la vida y deja los mejores posos.

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4 comentarios en “Cien primeras veces

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