Querida Aran…

Estaba decidida a volver. Cada vez que lo intento, entro y huelo mi propia nostalgia, así que vuelvo a salir y finjo que estoy bien. Hago bromas como siempre y comparto momentos divertidos. Pero cada vez que vuelvo, oigo el eco de las risas, me duele y… y sé que la solución no puede ser una huida hacia delante. Nunca lo ha sido para mí. Así que aquí estoy. Dispuesta a llorarlo todo, a tratar de liberarme de la maldición para que ésta vuelva a ser mi casa y yo pueda volver a reírme “aunque todo nos salga muy mal” como dice la canción. 
Pido perdón de antemano por lo que viene a continuación. Pero necesito sacarlo de mi mente para recuperar mi ligereza. Prometo volver a mis marcianadas mañana, cuando el día de mi maldición termine.

Querida Aran… 

No sé si te he contado alguna vez el día que me mataste.

Cuando no estoy tan triste como hoy, lo veo casi de película.

Nunca pensé que un puñado de palabras pudieran romperte por dentro como puñales, hasta llegar a sentir tanto dolor, físico, real.

Supongo que si quien te daña no es importante, debe de doler menos. Aunque no tengo ganas de probar, hay cosas que con vivirlas una vez tengo bastante… 

Hoy hace 5 años, y por primera vez en mi vida soy consciente de que hay algo en mí  que no se cura, algo que no soy capaz de superar, sigo sin encontrar fuerzas para enfrentarme a ello. No recuerdo incapacidad remotamente parecida. Imagino que es el poder de la maldición, si alguien a quien pertenece tu vida te traiciona… una parte de tu alma muere y jamás te recuperas del todo.

¿Has imaginado alguna vez cómo es recibir un disparo?  ¿Has imaginado morir? Siempre al verlo en pelis, resulta difícil imaginar cuánto duele. Lo mismo me ocurrió a mí. Si en alguna película, o en algún libro… alguien decía “para mí estás muerto”, me parecía una tontería. Excepto en el clan del oso cavernario,  es cierto. Ayla muere para todos y se siente morir. 

Por eso creo que lo más simbólico, la mejor manera de expresarlo… es una maldición. Algo tan primitivo que no tienes salvación. Una parte de mí nunca volverá. Y aunque pasen mil años, cada 16 de abril vuelve a arder dentro de mí el mismo dolor. El vacío. El caos. La incomprensión. Incapacidad para superar esa barrera que tú levantaste entre nosotras sólo con una frase: “para mí estás muerta.” En un momento en que la muerte nos acababa de arrebatar la familia.

Tantas pérdidas en todo este tiempo, y la más perdida soy yo.

Y hay dos cosas que no me parecían reales desde fuera, pero aún trato de  aprender a vivir con ellas: la primera, no hay retorno de la muerte. Y la segunda, que te maten duele. Mucho. 

Y a veces me vienen a la mente, ya ves… conversaciones contigo sobre la vida, la familia, la muerte, sobre la felicidad… y sé que te di el poder para vivir intensamente, pero también te di el poder de destruirme aunque nunca hubiera imaginado que pudieras hacerlo,… y sé que por ti moriría mil veces… pero nunca lo entenderías. Por eso he decidido que por ti, porque te quise, viviré esas mil veces, aunque la parte de mí que te pertenece nunca volverá. Nunca quise a nadie como a ti. Y aquí te dejo. Mi bendición y mi maldición. Me diste la vida al nacer, te convertiste en el primer ser completamente “mío” y desde ese martes yo fui tuya completamente. Y me quitaste esa parte de la vida hace cinco años. No me arrepiento de haberlo dado todo por ti. De haberme perdido por ti. Pero es momento de seguir adelante. 

Adiós, Aran. Te deseo lo mejor. Busca con todas tus fuerzas la felicidad en las pequeñas cosas como te enseñé. 

Misi

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Un comentario en “Querida Aran…

  1. No sé quién tan cercano a ti ha podido tener la crudeza de decirte eso, y de llevarlo a cabo, pero me alegro mucho de que, aunque haya sido cinco años después, hayas podido pasar página y seguir el libro de tu vida con gente para la cual estás muy viva y que te quiere y te adora. Quédate con los buenos momentos y lo que aprendiste, o con nada si te hace sentir mejor. Aran seguramente se arrepienta de haber tomado esa decisión más de una vez aunque quizá tú nunca lo sepas. Eres una persona encantadora. Me alegro de verte por aquí. No pidas perdón por nada, esta es tu casa, y nos gusta compartir también tus momentos menos buenos. Besicos renovados

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