Una de mis costumbres absurdas

Siete de la mañana. Te despiertas, algo cansada para empezar el día, así sólo puede ir a mejor. Después de cumplir con todo el ritual, le das una tostada a Pelusa, le pones agua fresca y sales por la puerta; cierras, introduces la llave y la giras, inevitablemente tres veces, aunque sabes que la puerta blindada sólo te dejará dar dos. Y entonces sacas la llave… y qué haces?

 . . . 

Pensad antes de seguir leyendo… yo hago algo totalmente absurdo. ¡Empujo la puerta! Para comprobar que está cerrada. Sí, tal cual. Como si hubiera podido dar dos vueltas la llave dentro de la estructura, y ahora con un ligero empujón, casi un roce con dos dedos… abrirse sin más ante un educado ladrón que empuja suavemente. Bravo! Bravo por tu superinteligencia!

Y he llegado a la conclusión de que, muchas de esas absurdas manías son fruto del cansancio, que me roba la lucidez. Así que os recomiendo que os ríais del cansancio, como hace Ella . Y de paso, si no la conocéis, aprovechad para disfrutarla un ratito!

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8 comentarios en “Una de mis costumbres absurdas

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