Deberes de lunes. Semana 15.

¡Vaya lunes tan largo! Estoy paseando con Pelusa y aún tengo que cenar si quiero cumplir con mi anti-dieta… Además, llevo desde el cambio de año durmiendo regular y con intrusos en mis sueños, así que esta semana ando algo cansada. Me doy cuenta sobre todo porque no encuentro tiempo para leer y escribo bastante menos. Sin embargo, estoy de buen humor.
– He empezado a experimentar con la máquina de coser. Siempre me pareció un bicho indomable, la veía en casa de mi madre, y ella era como un hada que la manejaba con elegancia, destreza y seguridad, como lo hacía todo. Y yo no me había planteado nunca acercarme a semejante invento. Bien, pues estoy en esa fase inicial en que cualquier novato se viene arriba y cree que ya sabe. Cuando practique más me daré cuenta de todo lo que me queda por aprender, pero de momento saboreo con placer la sensación.
– Estos días Pelusa ha protagonizado algunas escenas muy entrañables, con niños que han superado el miedo a los perros gracias a ella. Tiene ese don, tan sociable, simpática, divertida… y al mismo tiempo disciplinada (esto último es mérito mío, el resto venía de serie) que consigue transmitir tranquilidad y curiosidad, y parece que cualquiera puede relacionarse con ella al ritmo que necesite. Siempre digo que me hubiera encantado entrenar con ella para trabajar en algún tipo de terapia o proyecto de concienciación o algo parecido, y es uno de esos deseos que sé que me arrepentiré siempre de no haber cumplido.
– Había empezado a hablar de mi estado mental, muy sosegado esta semana, pero me acaba de ocurrir algo digno de formar parte de los tres momentos semanales. Algo ha impactado en la pantalla del móvil mientras escribía, y al principio he dado por hecho que Pelusita y yo habíamos perturbado el sueño de los pájaros y me habían regalado algún fluido para mandarme a casa. Siempre llevo el “kit de supervivencia pelusero” con sus bolsas, pañuelos, cepillo, alguna galleta… así que nada de preocuparse, que para eso estaba pensando en mi tranquilidad. Hasta que me he dado cuenta de que ¡no me quedaba nada! Con las prisas por estos horarios he bajado sólo un par de bolsas. He respirado y he cogido unas hojas secas del suelo para limpiarlo como una Boy Scout, y cuál ha sido mi sorpresa cuando me ha venido un olor que me ha transportado a los años ochenta. No era pis de gorrión, afortunadamente, sino resina de un árbol. Así que aquí estoy, oliendo el móvil en lugar de correr a casa para limpiarlo… Y viajando por mis días de infancia trepando a los árboles…

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